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ANTROPOLOGÍA   DEL    PATRIARCADO

Carolina Pamplona    12. 10. 2020 

   

YO CLAUDIO ¨Un mujer normal, necesita hombres normales a su lado…¨

Arrastramos agresividad encubierta,  en el legado a nuestros hijos 

La HISTORIA CIRCULAR Y REPETITIVA DEL SIGLO XVII, SE HACÍA INADECUADA EN EL XIX.

El siglo XIX, vivía la euforia de la industrialización,  creyendo en el progreso indefinido.

El siglo XXI, NECESITA ENTENDER LAS RAÍCES DEL PASADO, PARA VIVIR  EL FUTURO.

Aprender las lecciones del pasado, como la crónica de una lucha colectiva.

Enfrentar las dificultades desde la solidaridad contra las adversidades naturales: frio hambre, enfermedad…

y contra las amenazas creadas por los hombres: tiranía injusticia, guerra, intolerancia, explotación, fanatismo, pandemias…. Se hacen más vigentes que nunca con La Covid-19.

Poco o nada hemos aprendido del pasado,  que lo repetimos más y mejor.

Hablando de Patriarcado, Legado, Corresponsabilidad, Conciliación… Feminismo.

Términos, que hacen necesario entender el escenario completo y poder argumentarlo desde su origen antropológico.

Sin duda los datos que manejamos o son insuficientes o no ha interesado ponerlos en valor.  Parece ser que el origen del sistema de organización social, se remonta a la época del Neolítico,  nómada e incierta, donde el sistema imperante era el matriarcal, la mujer organizaba todo y lideraba el sistema familiar, mientras el hombre cazaba.

La contribución femenina a la recolección  en las sociedades protoagrícolas, que sin duda, darían lugar a la invención de la agricultura, le habría dado a la mujer, el suficiente poder económico limitador del dominio masculino.

La degradación de la condición femenina, llegó con el desarrollo de sociedades agrícolas sedentarias, que propiciaron que la mujer se dedicará por completo a la procreación y el varón al trabajo duro y sustento familiar.

Con la dependencia económica femenina, llega el sometimiento del sexo femenino al masculino.

Aquí nace, el sistema de organización social llamado PATRIARCADO y cuya autoridad era reservada exclusivamente al hombre, con origen en el sedentarismo y la invención de la agricultura.

Así, el poder organizador de la mujer decae en el hombre, ocupando puestos claves en la sociedad, políticos, religiosos, económicos, militares.

Poco a poco, el entramado del sistema de organización patriarcal familiar, da lugar a la ideología machista, en la que el hombre principalmente se jacta intelectual, sexual y económicamente  de su poder ante la mujer. 

La consecuente pelea de las mujeres por ser consideradas personas y no simplemente hembras, con el lógico desgaste del patriarcado, dará paso a la ideología feminista. 

La corriente neomachista, refleja un nuevo modelo de patriarcalismo,  caracterizado por la reacción defensiva que muestran los hombres ante el progresivo cambio del rol social y cultural de la mujer. 

La herencia del sistema de organización patriarcal, impacta como machismo cultural, incidiendo en diferentes tipos de dominación y muchas veces a nivel inconsciente, debido a su normalización e integración durante años en la sociedad. 

Entre los rasgos más simbólicos, causados por esta dominación inconsciente, está la necesidad desmedida de agradar y cumplir con lo que se espera de la mujer, no lo que ella desea. 

Vencer esta dominación simbólica, es una tarea por goteo, que de la misma forma que se fue filtrando, ahora se ha de ir liberando, en pos del empoderamiento femenino. 

Siendo el patriarcado un modelo de construcción histórica y social, es posible modificarlo por otro modelo social justo e igualitario, que habrá que construir. 

Todo un cambio de paradigma, en el que todavía estamos inmersos. 

Para construir este nuevo modelo social justo e igualitario, que derivaría en el feminismo bien entendido, primero habría que entender las consecuencias de esta dominación machista y rasgos de carácter heredados.

–     La dimensión reproductiva de la mujer, es para cierto feminismo radical la causa última de su opresión, con riesgo a          desvalorizar la maternidad. 

–     La nueva mujer, en nada se identifica con el discurso femenino de mujer desvalida sin acceso a los estudios, es                    capaz  y retadora. 

–     Esta nueva mujer, hiperconectada y centrada en su carrera social y profesional, necesita encontrar su equilibrio                  personal. 

–     La figura del padre queda tocada y la mujer comienza a considerar la maternidad como algo independiente, que                  puede llevar ella sola. 

–     Ante la falta de referentes paternos adecuados, los jóvenes buscan la referencia en ellos mismo, ellos son sus mejor          ideal, Narcisismo. 

Sin embargo, hay UNA CRISIS EXITENCIAL DEL SER HUMANO, tanto del hombre como de la mujer, no encuentran su sitio, se han vuelto rivales y competitivos. 

Las consecuencias del machismo y la desesperada búsqueda por la igualdad de la mujer, hacen un llamamiento a la sabiduría, ante el riesgo de pasar de extremo a extremo y polarizar  ideales, que deberían ser comunes y un bien para la futura sociedad adulta. 

 ▬  La irresponsabilidad de no deparar en este legado, es el resultado de la sociedad actual. 

La lucha por la igualdad, por una conciliación laboral, por llegar a una corresponsabilidad en tareas, sigue chocando con una cultura machista aún arraigada, sus heridas escondidas en resentimiento, han causado pérdida de valores sociales, impidiendo un feminismo libre, capaz, sin condicionamientos y en equilibrio. 

Se han polarizado los extremos en ciertos temas, como la reproducción y la necesidad de  la híperconectividad de la mujer para conseguir sus objetivos, obviando su stakeholder por excelencia y ganador de su legado, sus hijos. 

Sin intención de generalizar, hay muchos perfiles de mujeres, que ya no sienten la necesidad de ser madres, han priorizado esta satisfacción con el deseo de realizarse laboral y socialmente. 

La necesidad de la maternidad, parece quedar postergada a un segundo plano. El hijo viene como producto de un deseo,  no del amor y las consecuencias para estos hijos, es una madre dominante, con un amor conveniente,  este filtrado de tiranía inconsciente, será recogido por el hijo, trasladándolo a sus futuras relaciones  con igual intensidad, actual machismo de nuestros jóvenes.  

Por otro lado, la madre consciente, que realmente siente un amor desinteresado por su hijo y así se lo transmite,  este hijo igualmente chocará con los no valores de la sociedad actual.  

Las carencias emocionales de nuestros jóvenes,  filtradas desde la gestación hasta la edad adulta, son muy difíciles de identificar y gestionar, son problemas en potencia, que se devolverán a la sociedad en forma de rabia, frustración,  agresividad… responsabilidades difíciles de asumir.  

El nuevo modelo social, desvaloriza a los referentes  paternos y maternos de relevancia, hace que los hijos se miren a sí mismos, buscando ese referente ideal. 

El resultado, es el nuevo narcisismo juvenil, todavía incomprendido. 

La sociedad, se está desestructurando y su reflejo, es el no bienestar de nuestros jóvenes, su actitud, su comportamiento, su baja autoestima y poca expectativa hacia el futuro, es realmente preocupante. 

▬  En este complejo escenario, la corresponsabilidad y conciliación, siguen siendo la gran asignatura pendiente. 

Y si no nos ocupamos del bienestar de nuestros jóvenes, si no somos padres consecuentes de amor y entendimiento, qué valor social estamos trasladando? 

Tenemos el legado que hemos sembrado, ahora toca volverlo en positivo, recuperemos la cordura, los valores, la confianza, hagamos del planeta un lugar digno para vivir. 

La lucha por la igualdad, no tiene por qué tener ideología, que si humanidad y sentido común. 

El machismo, no tiene porque polarizarse en feminismo, sino observar sus errores y reconducirlos, sabiendo que sus resultados, son el beneficio de toda la sociedad. 

La mujer equilibrada lo quiere todo, su parte hiperconectada y de desarrollo profesional  y su parte como mujer gestora de sus afectos, libertad y vida. 

Construir una sociedad de bienestar sana, firme, segura, progresista, sin duda es un esfuerzo en el tiempo.  

Ninguna felicidad no efímera, ha llegado de la mano de sus pasiones, ni del deseo de sus delirios. 

Carolina Pamplona 

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